“HORMIGAS EN LA PLAYA” de Rafa Moya al Club de Lectura de la Biblioteca





Un club extraordinari el que vam celebrar ahir divendres. No només perquè vam poder comptar amb la presència de l’autor, sinó també perquè l’assistència al club fou nombrosa i el debat interessant.
“Hormigas en la playa” de l’anoienc Rafa Moya sorgeix com a reflexió de qui som realment i en quin moment de les nostres vides ens sentim més identificats amb nosaltres mateixos. El desig del retorn a un passat suposadament feliç dels seus protagonistes és el nucli d’una trama que es va entreteixint paral·lelament amb un present que els resulta del tot insatisfactori. L’evolució dels personatges principals i l’estil de vida d’aquests van centralitzar part del debat en una sessió molt participada. 

La biblioteca i els participants del club, volem agrair especialment la presència i la bona predisposició de Rafa Moya a l’hora de compartir opinions i reflexions amb tots nosaltres, a la vegada que  l’emplacem a repetir l’experiència així que torni a publicar, cosa que desitgem que sigui ben aviat.

22a Festa de la Bicicleta

Aquest proper diumenge a partir de 2/4 de 12 del migdia donarà inici la 22a edició de la Festa de la Bicicleta de Montbui. No es tracta d'una festa competitiva, sinó una passejada pels diferents carrers de Montbui. S'estableixen diferents premis.
La 22a. Festa de la Bicicleta de Montbui és organitzada per l'Ajuntament, amb la col·laboració de la Biblioteca Mont-Àgora, l'espai Mont-jove, 9 ABA Cicles i Diputació de Barcelona.

Mostra de llibres sobre lleure i bicicleta a la sala d'adults de la Biblioteca Mont-Àgora


Storytime “Brown bear, brown bear”



Hora del conte en anglès + taller

A càrrec de l’Acadèmia Montlingua de Montbui

Adreçat a infants a partir de 3 anys

Dissabte, 6 de maig
Hora: 12 h

Lloc: Biblioteca Mont-Àgora

Trobada de fans del manga



Si ets fan del manga vine a compartir una estona de Ikigami en el Club Manga Jove de la Biblioteca.

Conduït per Dani Rio, especialista en còmics

Inscripcions i recollida del llibre a la Biblioteca

Dijous, 4 de maig
Hora: 18 h

Lloc: Biblioteca Mont-Àgora

#Reciclacultura

Moltes gràcies a tots els que heu participat en la 6a edició del #reciclacultura. Hem aconseguit 82 euros que seran destinats a la Fundació Servei Solidari. Per cada 42 euros recaptats s'obté una beca per a que una persona aprengui les nostres llengües com a primer pas per la seva inclusió social.
Esperem tornar a ser, l'any vinent, un punt de #reciclacultua.

"Dentro de la cafetería" d'Emma López Bocache

2n. Premi Categoria Juvenil del 8è Concurs de Contes Castell de la Tossa

Era una semana ajetreada de febrero, de esas en las que divisas una nubecita tupida cuando se te caen las palabras, tu nariz se vuelve más roja de lo habitual... Al salir de mi edificio y girar la avenida Mayor, me detuve como todas las mañanas en la cafetería justo en frente del parque, a tomarme un café cargado.  Me quité el abrigo y me senté en esa mesa, que es prácticamente mía, a veces tengo la sensación de que me conoce  y cuando me ve doblar la avenida, y sentarme para pedir lo que es para mí el primer suspiro del día, en forma de líquido negruzco, se pone contenta. Me disponía a hacer mi ritual matutino, pese a que tenía todavía las manos entumecidas por el fío, el invierno se abalanzaba sobre mí, cual masa de agua, y la tarea se me hacía mucho más ardua aquellas fechas. Empecé a observar a todo el mundo de izquierda a derecha, esta vez.
Estaban todos muy preocupados con sus quehaceres, y casi todos tapados con una gruesas bufandas de colores vivos que contrastaban con el gris de las nubes, me pregunto si las comprarán de esos colores a propósito. Pero, entonces dejé de mirar a la calle y observé a los clientes del local con detenimiento.
A la derecha había un abuelo solo, con la mirada perdida,  no aparentaba los años que tenía, seguro,  sí físicamente,  pero no habían pasado los años para su espíritu. Me puse a imaginar su vida; Hace años vivía en una casa de pueblo donde había más animales que personas. Era el mayor de cinco hermanos. Era Justo, sí, tenía cara de llamarse así, un muchacho muy alegre y despreocupado,   que hacía de monaguillo en su pueblo y pasaba el día brincando por los canchales. Antes de irse a acostar al pajar, cubierto con no más que una manta y cuatro puñados de heno, Justo rezaba para que aquella noche los ratones le dejaran descansar. Pese a sus oraciones los ratones aparecían noche tras noche. Aparte de eso el chico era feliz en su pueblo.
Un domingo al acabar la misa, su tío le dijo: _ “Justo, eres ya un hombrecito con ocho años, ya puedes ir a trabajar, esta misma tarde saldrás hacia una finca que está a cinco kilómetros de aquí para guardar las ovejas del dueño.”_ El jovencito estuvo toda la comida callado, pensó que era más fácil que oponerse a la decisión de sus mayores y, después de la siesta, Justo partió hacia la finca. A partir de ese día, todas las mañanas el chico sacaba a las ovejas y se perdía por los montes llenos de almendros; no echaba de menos a su madre, y estaba contento de poder ejercer de pastor tan pronto. Una mañana, el niño se sentó a desayunar, ordeñó uno de los borregos y cogió unas cuantas almendras tiernas. Para abrirlas utilizó un par de piedras que encontró en el suelo y, después de saborear el amargo del quinto fruto seco, se machó un dedo intentando partir la siguiente. No era nada grave. Le salió un poco de sangre del dedo, pero entonces se acordó de su madre y se echó a llorar. Dejó el rebaño allí y corrió desde la montaña hasta la finca, donde estaba almorzando el propietario; _ ¿Qué te pasa hijo?_  le preguntó el dueño, pero no obtuvo respuesta alguna. Justo solo lloraba.
El pobre paisano llevó al zagal al pueblo y, una vez allí abrazó a su madre y le explicó que le había pasado en el dedo. Años después, Justo recuerda esto como una anécdota graciosa para contar a sus nietos y dice también que aprendió una lección.
Este personaje me gustaba. Pero de pronto, algo me despojó de mi ficción sobre el viejo, solo me dio tiempo a anotar no más de dos anécdotas.
Eran dos chicas, la primera se debía llamar Ariadna, era más bien rellenita, aunque mucho más corpulenta, no muy alta, pero tampoco de las más bajitas. Llevaba el pelo largo y desordenado, del color castaño del otoño, que le caía en la cara redonda y lechosa. Tenía unos ojos rasgados, para perderse, que despuntaban rayos delgados del día. No se reía mucho, pero, cuando lo hacía dejaba ver unas hileras de dientes alineadas y blancas. Sus manos, gruesas y con uñas largas y descuidadas, iban a juego con las piernas anchas.
Ariadna no era simpática, al menos a primera vista, pero cuando te acostumbras era de lo más cercana, aunque se enfadara a menudo. Siempre estaba dispuesta a ayudar, pero muchas veces la pereza la vencía, y, por supuesto, hasta que las ganas no llegaban, no había nada que hacer. Creo que bajo la dureza que solía mostrar de buenas a primeras, Ariadna escondía una fragilidad inverosímil, nunca se quitaba la coraza, y mostraba su apariencia más severa. De vez en cuando, sin embargo, se vislumbraban indicios de su dúctil personalidad. La definía su arrojo y su carácter extrovertido, junto con su agresividad en la manera de hablar y su hipocresía.
La otra chica, no logro dar con un nombre que conjunte con su aspecto, ya lo pensaré más adelante. Tiene miedo, miedo a volverse a enamorar, desde que se separó de su primer amor, Aarón. No es que no lo haya olvidado, o que lo siga queriendo, simplemente recuerda algún que otro momento, él siempre va a ser el primero. Como aquel día, con su olor pegado al cuerpo y su abrigo de cuero dando calor a… Paula.  Sentía una bola de energía en el estómago. No sabía si era una mezcla de nervios, frio y atracción por Aarón, o solo era el bocadillo que se acababa de meter entre pecho y espalda. Esa fue una buena noche, poco antes de empezar a salir. Pero como bien he dicho, Paula no siente pavor por nada relacionado con este chico, es porque si vuelve a enamorarse, quizá sea de una chica, pero hay las mismas posibilidades de que sea de un chico. Así es, Paula es bisexual, lo ha descubierto recientemente y solo lo sabe su mejor amiga. 
Al sentarse a mi lado, a la supuesta Paula se le cayó algo, era un folio arrugado, y doblado en cuatro partes,  escrito con tinta azul. Enseguida reconocí una versión del poema “Como tú” de León Felipe:


“Así es mi existir
represión,
dentro de mí. Dentro de mí,
miedo voraz;
dentro de mí,
temor acechante;
dentro de mí.
Demasiado pánico
por mis venas,
recorriéndolas;
dentro de mí,
aprensión en la que me refugio
me sirve de escudo
que en días de lluvia
me da cobijo
y después
me arropa
dándome calor
que poco a poco me abrasa;
Dentro de mí, espero
una noche cerrada
y mis heridas abiertas
sin pavor, ni cobardía
sin el dolor que ardía,
dentro de mí,
papel que se rompe;
dentro de mí
liberando tal vez
ese ave de gran plumaje
que ahora vuela
redimida
y
osada…”

Me guarde el papel en el bolsillo y reflexioné un instante sobre el significado del poema, pobre Paula. Conseguí olvidar el fragmento cuando divisé a un hombre con su hijo adolescente, ¿no debería estar en el colegio? , pero en seguida reparé en que hoy había una huelga estudiantil. Julián, el hombre, tenía una expresión seria en el rostro, parecía que le estaba dando una charla:
_Carlitos, hay cada vez más gente en contra de este tipo de huelgas, dado que las consideran pérdidas de horas lectivas, sobre todo casos de padres y profesores en colegios de Secundaria. Muchos de estos estudiantes se toman los días de protesta como un descanso de sus labores o un día festivo, no obstante, otros acuden a manifestaciones y se informan del motivo de la reivindicación, que es donde tendrías que estar ahora. Las huelgas convocadas por el Sindicato de Estudiantes normalmente afectan a alumnos de Universidades y Bachillerato, son estos los que protestan con más razón. Por lo tanto los manifestantes que más influyen son los que más protestan, así mueven montañas y consigues casi todo lo que se proponen. Eso no quiere decir que la secundaria no deba de participar Carlitos.
En definitiva, las huelgas estudiantiles son algo bueno y que ayuda a avanzar en educación, son eficaces. Pero habría que concienciar, sobre todo, a los estudiantes más pequeños como tú, ahora empiezan a tener esa “libertad” de decidir si protestar o no, de que las huelgas y manifestaciones son serias, no se convocan a la ligera y, por encima de todo, no son días de fiesta._
Sin embargo el tal Carlitos, alto y delgado cual palillo y con una mata hirsuta y tupida en la cabeza,  no pensaba en nada de lo que su padre le explicaba, solo cavilaba. Pensaba en que le habían dicho que si pasaba cerca de las vías cuando el tren estaba en marcha, una piedra que estuviera cerca de los raíles podía saltar y quedarlo tuerto o ciego. Desde entonces, Carlitos no miraba al gusano férreo y ruidoso a la cara, pero aquel día, alzó la cabeza y miró al ferrocarril a los ojos. No pasó nada.
Me iba a fijar en una pareja que parecía estar en pleno ascendente amoroso, cuando escuché una voz lejana y suave.

_ Vamos doña Adela, deje que le acompañe a la habitación, que ya empieza a refrescar ¿no cree?, ¿con que soñaba despierta esta vez?-

"Mentre em recordis, viuré" de Carmen Elvira Villagra

3r premi Categoria General del 8è Concurs de Contes Castell de la Tossa

Segurament no arribaré a veure si el Barça guanyarà aquest any la lliga. No sé
si aquesta primavera podré anar amb tu a mirar les onades als camps de blat.
Tampoc crec que conegui la teva tutora del curs vinent. És possible que mai més
caminem descalços a la vora del mar agafant petxines i descobrint tresors de
pirates amagats.
Ara per ara, només sé del cert dues coses. La primera és que quan tu llegeixis
aquesta carta, jo ja m’hauré mort. I la segona, i més important, és que malgrat
tot, seguiré vivint a través dels teus ulls i brillant amb el teu somriure. Perquè,
gràcies a tu, jo viuré per sempre més.
El temps s’escurça. Són més els dies viscuts que els dies que em queden per
viure. El poc temps que tinc el dedico a escriure’t aquestes línies, aquesta carta.
M’agradaria deixar-te escrit lo molt que t’estimo, però això ja ho saps. És un acte
egoista, ho sé, però la meva mà i el meu cor s’entesten en deixar per escrit allò
que vull que perduri, allò que no vull que s’acabi amb mi, tot allò que hem
compartit.
Els que m’envolten aprofiten tots els moments per acompanyar-me, per donar-6me
missatges d’esperança, per fer veure que aquest final imminent no existeix i
que com si per art de màgia, un miracle ens permetés fer plans de futur. Un futur
que tots sabem que no existeix. Ells ho saben. Jo també.
No tinc por de morir-me. Tinc por que, al morir-me, oblidis tot allò que hem
compartit plegats, que no recordis lo molt que t’he estimat i t’estimaré sempre. Si
aconsegueixo no formar part del teu oblit, ja no tinc por de la mort.
En aquesta habitació tot va accelerat, el temps s’acaba i els que m’envolten
lliuren una batalla perduda per donar-me més minuts de vida, més dies per
compartir. És només quan tu entres a l’habitació que el temps s’atura. Les
busques del rellotge deixen de lliscar, suaument. Ningú no se n’adona, només tu
i jo. No tenim mai pressa per dir-nos les coses, per fer tot allò que no hem fet,
junts som una sola persona. La meva habitació es converteix en el nostre
santuari. Tots dos, dins la nostra bombolla invisible, respirem al mateix ritme. I
tot s’atura.
Recordes aquest estiu quan estava ingressada i em visitaves tots els matins?
L’àvia t’acompanyava només llevar-te i jo ja sentia el teu somriure fins i tot abans
que obrissis la porta. I, sense paraules, cada matí, et treies les xancletes i et
posaves dins el meu llit, ben arraulit al meu costat. Allà, tots dos suats, en ple
mes d’agost, compartint els nostres secrets, els nostres silencis, sota els llençols
estèrils.
Dubto que oblidis les carreres que hem fet empenyent la cadira pels passadissos
de l’hospital, ni els partits de futbol que has improvisat en aquelles sales fosques
on, sovint, esperàvem uns resultats incerts, a vegades desoladors. Tu millor que
ningú saps que no ha estat fàcil. Poca gent m’ha vist abocar tantes llàgrimes i
tanta frustració com tu cada vegada que els metges em comunicaven un nou
diagnòstic, un nou compte enrere. Al principi, vaig tractar de protegir-te, d’evadirte
d’aquest malson, de fer-ho invisible als teus ulls. Però estem massa a prop,
massa connectats per amagar-te una cosa així. El dia que vas arribar de l’escola
amb els ulls brillants de ràbia i la barbeta tremolant, vaig decidir incloure’t en els
meus moments, empassar-me la meva ràbia o les meves esperances malmeses
i compartir amb tu els meus darrers dies, els meus darrers moments. Perquè el
càncer m’ha pres la vida, m’ha pres el meu futur i això ho visc amb ràbia, amb
impotència. No em conformaré mai a perdre’t però a mida que avancen els dies
entenc que de res serveix revelar-me. Però almenys, sí puc gaudir de cada
instant que passem plegats.
Va ser dolorós assumir que el pare em deixés, pair la pèrdua d’aquell amb qui
havia somniat fer-me gran i descobrir que ell ja havia trobat la substituta idònia
per envellir plegats. Però, el més dolorós de tot plegat, va ser acceptar separarme
de tu, estar lluny de la teva respiració, dels batecs del teu cor. Encara que
fos només un dia a la setmana, o un parell de caps de setmana al mes,
m’aterrava la idea d’estar sense tu. Amb el temps, he arribat a entendre que
aquesta separació no va suposar cap pèrdua, sinó una suma de factors que, ben
avinguts, ens ajuden a tots plegats a passar el tràngol d’aquest moment.
Avui m’ha trucat la Mirta i hem estat parlant de tu. Et sorprèn encara? No vulguis
buscar el sentit de totes les coses. Si una cosa he aprés amb aquesta malaltia
és que, al final, ens agradi o no, hem d’acabar acceptant allò que anem trobant.
I amb la Mirta ha passat això. Jo no la buscava, però he acabant estimant-la. Sé
lo difícil que ha estat per a tu acceptar-la.
Amb el temps he entès el pare i he sabut perdonar-lo. Durant molt temps, jo
també vaig viure amb rancúnia el seu abandó. Vaig sentir-me traïda,
abandonada, vaig notar com, de bones a primeres, els meus somnis i els de la
família s’esfumaven amb un cop de vent fred. Gèlid, com la darrera abraçada
que em va donar el pare abans de marxar a viure amb la Mirta. Tot i això, ara
que han passat els anys, sé que això va ser necessari. Estimo el teu pare, he
entès, potser massa tard, el que esperava de mi i el que va buscar finalment en
una altra persona, cansat de donar cops de cec. I, finalment, tampoc veig que
estigués tan equivocada. Aquell amb qui vaig somniar envellir fins al final, està
aquí al meu costat. I no està sol, ens ha portat l’aire fresc de la Mirta que, com el
sol de primavera, està al nostre costat, escalfant-nos els cors sense demanar res
a canvi. Com una glopada d’aire. Càlida.
Quan tot això s’acabi, viuràs amb ells. No dubtis mai que els tindràs sempre al
teu costat i que seran també els teus ulls i les teves mans. Utilitza el cor per
acostar-te a ells. Tant la Mirta com el teu pare t’estan esperant amb els braços
oberts, refugia’t en ells. Estimo el teu pare, estimo la Mirta.
Em queda tant per dir-te, tants records per encabir dins la nostra caixa dels
sentiments que no sé per on començar. Avui ha vingut l’àvia i juntes hem passejat
una estona pel passadís. Ella, empenyia amb calma la cadira, jo em deixava
portar. El sol de l’hivern entrava pels finestrons d’aquella terrassa coberta i
tancant els ulls m’he sentit bressolada, transportada al nostre lloc predilecte.
Quants estius seguits hem viatjat a les nostres platges? El nostre raconet del
món, el nostre paradís. Cada estiu, esperàvem ansiosos les vacances per fer les
maletes i fugir. Una maleta, quatre banyadors, dos tovalloles i tot un estiu per
mirar el mar. El teu pare i jo vam descobrir per casualitat aquestes platges quan
encara no havies nascut. De fet, i això no t’ho he dit mai abans, va ser allà on et
vam concebre. Feia molt temps que el desig existia però va ser en la calma
d’aquestes onades, en el silenci d’aquests carrerons blancs i en el caliu d’aquests
llargs vespres que vas començar a fer-te realitat dins meu. Entens millor ara la
meva passió per aquest lloc? És un lloc màgic. És el lloc on vaig començar a ser
la teva mare. El lloc on vas començar a formar part de mi, per sempre més.
Mentre em recordis, viuré
Aquest és el lloc on tu vas néixer. Aquest és el lloc on jo vull morir. Barrejar-me
amb aquestes aigües, deixar-me bressolar per les onades que tants i tants estius
ens han mullat els peus, sentir el caliu d’aquest sol sobre mi. Et demano que,
arribat el moment, em portis a la nostra platja, al nostre petit raconet del món.
Allà on el temps s’atura per deixar-nos respirar lliurement, sense presses.
Deixa’m reposar allà i vine a veure’m sempre que vulguis. Jo t’estaré esperant.
Sempre.
Els dies passen i sento que això s’acaba. Se m’acaben les forces, se m’acaba
l’alè. Hi ha dies que no tinc forces ni per pentinar-me, ni tan sols per rentar-me la
cara. Sento la pell grisa, em falta la brisa fresca del matí. Quan tu arribes, intento
respirar a través de la teva pell. Rius quan t’ensumo els cabells per endevinar
què has dinat avui a l’escola o quan et llepo els dits per trobar una petita engruna
de xocolata. Tinc els sentits malmesos, adormits, no sento fred ni calor, no trobo
el gust de les coses.
Fill, només em queda demanar-te a tu un altre favor. Vull que visquis la vida com
si cada dia fos el darrer dia que compartim junts. Vull que contagiïs els que tens
al teu costat amb el teu optimisme, amb el teu somriure. Vull que ploris, que
riguis, que cridis, que corris ben ràpid quan calgui. Com t’he dit al principi, jo ja
no hi seré però continuaré vivint a través dels teus petits gestos, dels teus crits,
dels teus plors. Continuaré brillant als teus ulls i al teu somriure. Fes-me aquest
favor, el darrer que et demano: viu fill meu, viu lo més intensament que puguis
viure. No tinguis por del que et porti la vida, viu-la amb força, posant tots els teus
sentits en aquelles coses que facis, en allò que sentis, en tot allò que recordis.
Jo descansaré en pau al teu costat. Perquè mentre em recordis, viuré.

"A prova de foc" de Joan Pinyol i Colom

2n premi de la Categoria General del 8è Concurs de Contes Castell de la Tossa 

Era un dia qualsevol. Després d’unes imprecisions que van fer témer el pitjor, el dron casolà construït per l’Abel i la Maica es va enlairar des del pati de l’institut de Montbui i va cobrir el tribunal de recerca amb un lleu polsim. El Vicenç, professor de tecnologia i tutor del projecte, no va parar de tossir fins que van perdre de vista l’aparell en direcció a la Tossa. Duia incorporada una microcàmera que permetia seguir-li en tot moment l’òptica a través de l’ordinador portàtil que controlava la Maica. Professors i alumnes no es van perdre detall de com sobrevolava l’ermita preromànica. Els tres absis imponents encarats a la conca d’Òdena, la forma rectangular de la construcció, la coberta a dues aigües, el portal d’arc rodó i adovellat pel cantó del migdia i, coronant el mur de ponent, un campanar d’espadanya de doble arcada. De sobte va començar a aparèixer un text a la pantalla: “L’any 987, en el temps que el bisbe Froià erigia la torre del castell, va fer construir al costat una sòlida església que, contra el corrent de l'època que les cobria amb encavallades de fusta, la va cloure amb voltes a fi d'evitar la destrucció en les freqüents invasions de sarraïns. Després d'uns anys d'abandonament, es va acabar l’any  1032 per l'impuls del bisbe i abat Oliba, en ple procés de repoblació de la comarca”.
En veure que l’emoció del tribunal no parava de créixer, el Vicenç va ordenar a l’Abel que aturés màquines i fes reposar l’aparell. El jove va activar els quatre sensors i amb una absoluta destresa el va fer aterrar damunt la teulada de l’edifici religiós, de cara el castell i amb els quatre motors en funcionament. Aleshores va intervenir la Remei, professora de socials.
- No puc negar que ens trobem davant un prodigi tecnològic de primera magnitud. No ho dic pel fet de saber maniobrar un vehicle aeri no tripulat. En ple segle XXI no és cap novetat que ens sobrevolin a diari. Em refereixo al fet d’haver-lo construït vosaltres dos i d’haver-lo enviat tan enlaire. Sou uns genis i si arribeu a patentar l’invent, estic convençuda que també arribareu ben amunt!
- El mèrit és del pare de l’Abel –va afegir la Maica-. Ens va facilitar tots els materials. Explica-ho, tu!
- El meu pare sent la passió per l’aeromodelisme des que era petit. Amb els anys ha anat perfeccionant la tècnica i ha acabat sent un expert del vol radiocomandat. Quan li vam explicar que, per al nostre treball de recerca, ens proposàvem la construcció i la posada en òrbita d’un dron, es va engrescar de valent i l’endemà mateix ja ens va facilitar els propulsors, els motors, les hèlices, el regulador de potència, els sensors per girar i la petita placa d’ordinador que controla aquests sensors. També ens va donar un cop de mà  en la construcció de l’aparell. Va proporcionar-nos el xassís enreixat i ens va ajudar a incorporar-hi el receptor.
- Molt ben explicat, Abel –va afegir el tutor de recerca-. I ara, si us sembla, tornem a enlairar-lo abans que se sobreescalfi.
- Un moment! –el va tallar de nou la Remei-. Tot això que expliques és molt tècnic i jo, que sóc de socials, no hi entenc pas gaire, per no dir gens. Però no penso passar per alt la meravella del text afegit a la pantalla amb les explicacions històriques de cada espai.
- Va ser una idea de la Maica. Ara et toca parlar a tu!
- Quan el dron sobrevola la Tossa detecta uns codis digitals que en el seu dia es van incorporar al monument i en desxifra l’explicació associada. De seguida veureu com ho farà també damunt de les restes de l’antiga torre del castell.
Quan l’Abel va tornar a emetre el senyal d’enlairament l’aparell va realitzar uns moviments bruscs del tot imprevistos. La llarga aturada en marxa va sobreescalfar i va danyar les conduccions elèctriques. Tot i així l’entusiasme de l’alumne va aconseguir que es tornés a alçar i en pocs segons va guanyar la distància que separava l’església i el castell. El tribunal va fitar la pantalla amb gran expectació fins que els seus nassos van topar amb un fet del tot inesperat. A banda i banda de l’aparell van començar a aparèixer ratlles de diferents longituds que l’Abel va provar de sortejar sense sort. N’hi va haver una que va interceptar la trajectòria del dron i el va precipitar contra el terra abans que un gran terrabastall fongués la imatge. Quinze segons després d’un silenci incòmode, el Vicenç va demanar disculpes al tribunal i va oferir el seu cotxe per pujar a recuperar l’aparell.
De lluny estant allò que havien abatut a cops de ballesta els va semblar una màscara de sarraí caiguda del cel. S’hi van acostar silents, amb tots els miraments possibles, tot estrenyent l’objecte volador no identificat en una rotllana cada vegada més petita, com si fos una emboscada bèl·lica. Quan el van tenir a tres passes el motor del dron va deixar anar els darrers gemecs i tots, excepte el cavaller Guerau Montbui, van arrencar a córrer cap al castell. Estaven cansats de les astúcies que els enemics d’armes i de fe s’empescaven de tant en tant per reconquerir el territori. Els havien llançat pedres rodones de la mida d’un cap, boles de foc i també oli cremant. Els havien atacat de nit, després de dinar i en plena tempesta de llamps. Però des de la torre d’angles arrodonits els cristians s’havien mostrat tothora inflexibles. En aquell any 1032 i gràcies al bisbe i abat Oliba fins i tot estaven a punt d’enllestir la majestuosa capella del castell que un segle i mig enrere van deixar inacabada unes severes pestes i sequeres. La Tossa serà per sempre més nostra, proclamaven amb orgull, i res ni ningú, i encara menys una ferralla voladora, la farà perillar.
Guerau de Montbui va treure l’espasa i va girar panxa enlaire l’objecte estrany. Amb els quatre sensors mirant al cel, va alçar-la i va partir-lo d’un cop sec. Què coi és això?, es va preguntar. La porta principal del castell i la gran finestra del cantó de llevant era plena de caps que estiraven els colls amb el nervi de la curiositat.
- No patiu, no es bellugarà mai més! –va exclamar.
Després va observar una de les dues parts del dron, va provar d’endevinar-li les ales i va creure que una de les hèlices partides era una mitja lluna àrab. Aleshores va decidir demanar al Berenguer d’Oló, ferrer oficial del castell, que fongués la peça i l’afegís a les armes heràldiques que lluïen l’escut propi com a mostra de la seva supremacia sobre els enemics. Una vegada dins el castell es va guanyar una bona colla d’aplaudiments.
- No malmeteu esforços, senyors. Els servents del profeta Mahoma són forts i no han dit encara l’última paraula. Que obrin bé els ulls els guaites i continuïn amatents per prevenir-nos de nous atacs.
 Un cop enmig de l’esplanada del castell la Maica va descobrir de seguida les dues parts de l’aparell, amb els propulsors enlaire i els motors molt malmesos. Mentre l’Abel s’afanyava a recollir les peces escampades el Vicenç va esplaiar un dubte.
- No em quadra que s’hagi partit d’una manera tan violenta. L’impacte contra el terra devia ser fort però, tant?
- Jo no trobo per enlloc la meitat d’una de les hèlices –va afegir l’Abel. I la Maica, amb llàgrimes als ulls per la desfeta, va preguntar al tutor si aquell contratemps els faria baixar molt la nota del treball.
- De cap de les maneres! –va exclamar el Vicenç-. Ja veureu com el tribunal sabrà reconèixer la bona feina. Un contratemps el pot tenir tothom!
 Sense que ho sabessin ni la Maica, ni l’Abel, ni el Vicenç, ni el tribunal, ni tan sols el pare de l’Abel, acabaven de fer un descobriment sonat que a curt termini revolucionaria les possibilitats dels drons a escala mundial. El sobreescalfament de l’aparell quan reposava damunt la teulada de l’església de la Tossa havia provocat en el dron un curtcircuit capaç de canviar les coordenades de mobilitat en l’espai per les de temps. I de la manera més innovadora possible, aquell dia van fer història. 

"Sonata patètica" de Guifré Miquel i Fageda

1r Premi de la Categoria General del 8è Concurs de Contes Castell de la Tossa.

Només feia sis mesos que el veí s’havia instal·lat al pis de sobre i ja era
conegut per tota l’escala. El motiu era ben musical ja que el so del seu piano
havia omplert l’edifici d’arpegis, estudis i preludis... No dic pas que fos una
experiència terrible perquè jo, que hi entenc força, ja veia que el noi tenia fusta
d’artista. Tot i així, és clar que una cosa és sentir una melodia o escoltar un
concert i l’altra, ben diferent, és haver de pair hores i hores d’estudi, d’escales i
d’exercicis tècnics octaves amunt, octaves avall. Al nostre edifici, només el
senyor Garriga -el veí del tercer, sord com una tàpia-, era capaç de fer-hi una
migdiada. La resta de veïns s’empassaven les hores d’estudi tot posant una
mica més fort el volum de la televisió, marxant a passejar el gos o directament
-com feia la senyora María José-, posant-se taps a les orelles.
El destorb que ocasionava als altres veïns però, no és pas el motiu d’aquesta
història. Jo, en el fons, admirava la seva tècnica i les hores de sacrifici que hi
dedicava. Sens dubte, era un jove amb talent que si perseverava podria arribar
lluny en el camp de la interpretació. No obstant, hi havia un detall que em
capficava dia rere dia...
Les seves hores d’estudi diàries sovint les acabava interpretant la Sonata núm.
8 de Beethoven, més coneguda com la sonata Patètica. La meva estimada
“Patètica”, que tantes vegades jo havia tocat quan era un estudiant com ell.
Segurament, en aquesta obra tan famosa, el nostre jove pianista hi trobava una
peça de tancament, de confort, una bona manera de cloure l’assaig de forma
relaxada. Jo he arribat a pensar que aquella peça va ser, durant aquells mesos,
un massatge reconfortant tant pel pianista com per a la resta de veïns, ja que
sabien que aquelles notes eren l’anunci del final d’assaig.
No obstant, aquest efecte reconfortant no ho era pas per mi perquè quan
arribava al final del primer moviment, just en el penúltim compàs, sempre feia la
mateixa errada: se li escapava un la bemoll on clarament havia de tocar un la
natural. Estic segur que era una errada no conscient perquè no la corregia mai
ni se li percebia cap dubte ni cap alentiment just abans d’afrontar aquell
compàs.
Així, cada dia, quan sentia els primers compassos de la Patètica, jo deixava tot
el que estava fent i em concentrava a sentir-ne tota l’execució. Gairebé
acompanyava de forma gestual cada nota. Degustava cada passatge i
m’emocionava amb els crescendos centrals... fins que arribava la nota
desgraciada. El cor se m’accelerava quan s’acostava el final del moviment.
Dins meu pensava que, potser aquell dia, el seu professor li hauria indicat el la
bemoll i esmenaria l’error. Però aquell dia no arribava mai i jo m’estirava els
cabells quan tocava la nota desgraciada. Com pot ser?, em preguntava. Una
interpretació tan elegant, tan ben matisada... i que es tiri per la borda una
feinada en una de les darreres notes! Aquell la bemoll canviava totalment el
sentit de la frase musical i transportava la melodia a una tonalitat absurda, a un
univers sonor distant. De res em servia que instants després encarés l’Adagio

amb una delicadesa sublim i que acabés la sonata amb el Rondó polit, esculpit
d’un llenguatge escrupolós i digne. Era una llàstima perquè allò destrossava
una autèntica obra d’art. Desacreditava tota la resta de treball. És com si una
obra de gramàtica tingués un errada ortogràfica al títol!
Les vegades que me l’havia trobat a l’ascensor no havia estat capaç de dir-li.
Sóc massa tímid i em costa entaular converses i menys si tinc alguna cosa per
retreure o criticar.
Van passar un parell de mesos més i moltes hores d’assaig –amb la bemolls
inclosos- fins que un dia vaig veure un cartell al carrer que anunciava un
concert seu a l’auditori de la ciutat. Al primer instant, me’n vaig alegrar molt
perquè la proximitat me l’havia fet meu i, tot i els maldecaps que provocava a
l’edifici, s’havia despertat un sentiment de pertinença amb aquell xicot. Llavors
però, vaig llegir l’entradeta del cartell: “... interpretarà estudis de Chopin,
Rakhmàninov i la “Patètica” de Beethoven”.
Els estudis de Chopin serien un èxit assegurat, perquè posseïa la tècnica i
l’agilitat de dits que demana el compositor polonès. I també aquell preludi de
Rakhmàninov, contundent, fortíssim, que dominava amb majestuositat. Ara bé,
el concert l’acabaria la Patètica de Beethoven... i amb aquell la bemoll!
Què havia de fer? Li havia de dir? Només de pensar-ho em posava vermell de
vergonya. L’havia de deixar estampar contra la crítica? Una errada així, en un
concert d’auditori, no es perdona: la lectura musical és una cosa que ja se
suposa a qualsevol concertista i per tant, en un recital es valoren els sentiments
que arriben, el que es transmet i la forma com es vehiculen les frases musicals.

Suposo que el meu inconscient, per tal de no afrontar la conversa amb el
pianista, es va convèncer que el millor per a la carrera d’un nou intèrpret seria
una crítica dura i despietada. A vegades, un bon cop de roc és la millor manera
d’aprendre i t’ajuda a enfocar millor la carrera en qualsevol àmbit. Un pianista
que vol ser concertista ha d’aprendre també a entomar les crítiques i més, com
en aquest cas, si es tractava d’un problema de fonament. Decidit doncs que el
millor que podia passar era que s’estimbés com a forma d’aprenentatge vital i
artístic, vaig decidir no dir-li res.
El dia en qüestió em vaig presentar al concert. De seguida, el martelleig de
cada nota dels estudis de Chopin van corprendre el públic. La nitidesa del so
era aclaparadora. Tocar tantes notes amb tant poc marge i que, a més,
s’entenguin dins un fraseig global requereix d’una tècnica excelsa. Cada estudi
era millor que el següent. Posteriorment vingué el preludi de Rakhmàninov, no
tan mecànic com Chopin, i el sentiment fins llavors contingut s’escampà per la
sala. Aquelles sonoritats ens transportaven a les campanes del Kremlin
moscovita. Ja amb el públic completament entregat, es disposà a cloure el
concert amb la famosa - i coneguda per tothom- sonata Patètica. L’inici de la
sonata, com sabeu, conté aquella emoció trenada en uns acords durs en do
menor que ens porten a un ambient tràgic. Llavors els passatges més lírics
s’apoderen de l’obra sense deixar els arravataments furiosos i les escales
brillants. Fins que va arribar el final del primer moviment i... , evidentment, va
caure el la bemoll. Vaig mirar de reüll al meu voltant i només vaig veure cares
complagudes. Cap gest de distracció. Tothom, absolutament tothom immers en
l’ambient sonor creat per Beethoven. És possible que la gent no pugui captarho
perquè els coneixements musicals d’aquest país són molt baixos, vaig pensar...
El concert va acabar amb el públic dempeus. El jove intèrpret va haver de sortir
tres vegades a saludar i va obsequiar-nos amb un altre monument a la tècnica
pianística de Franz Liszt. Jo estava molt confús perquè si bé havia estat un
concert que havia deixat empremta, aquella errada era una gran taca que ho
enterbolia tot. Per això, els meus aplaudiments van ser tímids i mossegats en
contrast al senyor del meu costat que es va aixecar vermell cridant bravos a cor
què vols.
L’endemà de bon matí, vaig baixar ràpid a comprar el diari per llegir-ne la
crítica. Havia distingit el famós J. Balcells –crític famós per no tenir pèls a la
llengua- entre el públic. En trobar la ressenya, la meva sorpresa fou majúscula
quan vaig llegir que “els afortunats que vam omplir l’auditori durant la vetllada
d’ahir a la nit, vam gaudir d’un concert brillant amb una execució perfecte. Sens
dubte, estem davant d’un jove talent a qui ben aviat la ciutat li quedarà petita”.
“Execució perfecte”? Però com podia dir aquella bajanada? Estava indignat! El
Balcells no era capaç de distingir una errada tan clamorosa? Aquella crítica era
la gota que va fer vessar el got i vaig decidir actuar. Si bé no em vaig atrevir a
parlar amb el pianista, sí que li volia retraure al crític musical aquella deixadesa
en la seva feina.
No va ser, però, fins que vaig anar a la botiga de música de la cantonada a
comprar la partitura de la Patètica per fotocopiar-la, marcar amb un retolador de
color llampant la nota mal alterada i enviar-la a l’atenció del sr. Balcells, que em
vaig adonar que ... bé, ehem, ...que em vaig adonar que també Beethoven

s’havia equivocat. Maleït la bemoll!